Calzadas romanas

Calzadas romanas

El ser humano ha necesitado desde sus orígenes, desplazarse a lo largo y ancho de nuestro planeta en busca de recursos, climas más benignos, mejores tierras donde asentarse o simplemente en visitas amistosas a pueblos vecinos. Cuando estos desplazamientos se convierten en hábitos, es el propio paso de personas y animales el que moldea sendas y veredas, y al facilitar el desplazamiento van siendo cada vez más transitadas y conocidas.

Cuando las sociedades humanas se hacen más complejas necesitan transformar estos simples caminos, que surgen de forma espontánea, en una labor planificada consciente y de amplia extensión territorial.

En el mundo antiguo fue el pueblo romano, el que más atención prestó a la construcción y mantenimiento de calzadas y caminos. Conscientes de que su expansión cultural, económica, y militar dependía en gran medida de unos adecuados sistemas de comunicación, construyeron miles de kilómetros de vías a lo largo de todo el imperio. De esta forma en el siglo II de nuestra era, el imperio poseía unos 100.000 kilómetros de vías en uso.

En el siglo III, los mensajeros que transportaban el correo imperial, eran capaces de recorrer de forma excepcional hasta 750 kilómetros en 3 días. La construcción de las vías era generalmente responsabilidad del ejército y su planificación estaba en manos de ingenieros y topógrafos.

Las vías se clasificaban en categorías según su importancia, muchas de ellas eran simples caminos de tierra que se empleaban en las explotaciones mineras, forestales o agrícolas. Otras eran importantes calzadas cuidadosamente construidas, y a lo largo de su recorrido se construían posadas y postas para los caballos.

Planificar la construcción de una vía, no era una tarea sencilla, como cuando había que atravesar regiones geográficas muy dispares, desde zonas boscosas a grandes macizos montañosos, que exigían realizar trazados de gran complejidad. El topógrafo marcaba la ruta que debía seguir la calzada mediante un artilugio denominado” Groma”. Este aparato era clavado en el suelo y nivelado mediante unas pesas que colgaban de cada brazo, mirando a través de estos brazos se establecía la ruta a seguir en línea recta, el topógrafo una vez marcado el camino a seguir precedía al grueso de los obreros que iban retirando la vegetación y las rocas que encontraban a su paso.

Posteriormente tras haber rebajado el terreno, se acababan 2 fosas en sentido paralelo a la futura vía, para recoger el agua de la escorrentía y evitar el deterioro de la calzada. Piedras de mediano tamaño eran utilizadas para marcar los límites laterales, realizar una cimentación adecuada era vital para la durabilidad de la calzada.

La primera capa de cimentación denominada “Statumen” era piedras, la segunda capa “ Rudus” de gravilla mezclada con arena o arcilla, una tercera capa llamada “Nucleus” era de grava y servía de soporte al pavimento compuesto de losas de caliza cimentadas con arcilla que se denominaba Summa crusta.

Con una pesada masa denominada pisón, los obreros compactaban las capas y tras esta operación grandes piedras cilíndricas tiradas por hombres o animales concluía en la tarea del apisonado en cada capa de cimentación. Las losas que componían el pavimento eran talladas en su cara inferior con forma puntiaguda para fijarlas mejor al núcleo, el conjunto de estas capas alcanzaba profundidades de entre 1 metro y metro y medio las distintas capas (statumen, rudus, núcleo y summa crista) se disponían en forma combada para que no sea acumularse sobre ella el agua.

Para indicar las distancias entre las ciudades, se utilizaban los “Miliarios” que se situaban a intervalos con regulares en los márgenes de la calzada, estas columnas de piedra facilitaban información sobre las distancias son recorridas. Las distancias se medían con un “Odómetro”, este ingenioso aparato se montaba sobre un carro que circulaba por la vía a señalizar. Su funcionamiento según lo describe Vitruvio era el siguiente: las ruedas del carro han de tener 4 pies de diámetro, de forma que al realizar una vuelta completa haya recorrido 12 pies y medio.

En el eje de la rueda se acopla a un tambor que gire solidariamente con este y posea un diente que sobrepase su circunferencia, en la caja del carruaje se acopla un eje con otro tambor con 400 dientecillos, uno de los cuales sobrepasa también su circunferencia, por encima de estos dos tambores se sitúa un tercer tambor en posición horizontal e igualmente dentado, el interior de este tambor está relleno de pequeñas piedrecillas, cuando todo el sistema completa una vuelta libera una piedra, que rueda por la canaleta hasta ser recogida en la tasilla.

Cada piedra recogida en la casilla indicaba que se había recorrido una milla, tan sólo restaba situar los miliarios a distancias regulares. Pero las vías no siempre se construían en zonas tan favorables, en muchas ocasiones se realizaron en regiones pantanosas, lo que requería una estrategia diferente.

Tras desbrozar la zona y preparar el terreno, se construía una estructura de vigas de madera en raqueta, que permitía construir la calzada elevada del suelo. Para ello se colocaban pares de traviesas enfrentadas y fijadas al suelo, sobre ellas se apoyaban dos filas paralelas de tablones distantes unos 2 metros, sobre los tablones se situaban perpendicularmente y a intervalos regulares pértigas de madera, las cuales servían de soporte a las losas, las losas eran cimentadas con arcilla.

Sobre esta estructura se realiza la calzada de grava y cantos rodados. Todos estos procesos de construcción, tanto de vías como de puentes, permitieron salvar ríos y valles y de esta forma posibilitaron el transporte de tropas, comercio, comunicar ciudades distantes, agilizar el correo, y la transmisión de ideas noticias y modas a lo largo de todo el mediterráneo.

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